Tan oscuro… : El Cine de Val Lewton Vol. 1

 8420172060879

(Extracto del libreto interior)

Melodrama oscuro

 «Quizás carecía del temperamento para el negocio del cine, pero tenía el temperamento para hacer películas» nos dice la voz de Martin Scorsese en el excelente documental Val Lewton: The Man in the Shadows, realizado en 2007 por Kent Jones. Lewton siempre tuvo problemas con un Sistema que lo acogía de mala gana. Su salud, psicológica y física, sufrió hasta su muerte con solo 46 años en 1951 bajo la presión de un ritmo de producción salvaje, donde las películas se ponían en marcha con apenas un par de meses de diferencia y bajo unas clausulas draconianas. (…)

(…) Además podría controlar la totalidad del proceso, escribiendo las versiones de todos los guiones finales, si bien nunca quiso figurar en ninguno, y determinando el tratamiento estético de sus películas. Val Lewton era un autor emboscado, un hombre, que como sus heroínas y antihéroes, prefería las sombras, para desde ellas vertebrar un discurso íntimo que explicaba en seductoras, enigmáticas, imágenes en neblinoso blanco y negro, las complejidades de un hombre convulso y melancólico.

Lewton era de origen ruso y su propia identidad en conflicto aparecería sublimada en la protagonista de La mujer pantera (Cat People, Jacques Tourneur, 1942), una joven inmigrante serbia, escindida entre la modernidad del nuevo mundo y los ecos del viejo. Si en el caso de Simone Simon esto se expresaba mediante una historia terror psicológico, sobre una mujer que no se atreve a ser ella misma, en el caso de Lewton aparecía impregnado de una tristeza que, además, somatizaba el sentimiento de estar rodadas durante la guerra, un eco que se volverá atronador en la oscura La isla de los muertos, filmada ya en 1945 por Mark Robson y ambientada en una minúscula isla griega durante la Gran Guerra.

Los protagonistas de sus películas reflejaban los miedos de Lewton, su melancolía y su búsqueda, permanentemente insatisfactoria, de un significado en el misterio, de un orden en el caos. Sus personajes, por lo común inocentes, descubren la densa realidad que les rodea, la existencia de un orbe paralelo, lleno de tenebrosa simbología, críptico y hermético, del cual solo puede emergerse tras haber pasado una gran prueba de maduración. Lewton, durante la primera etapa de su carrera en la RKO, antes de la llegada de Karloff al estudio en 1944, privilegiaba las heroínas, las protagonistas femeninas, como si reconociese en ellas una mayor capacidad perceptiva, una sensibilidad para lo oculto y un valor para penetrarlo, aunque conllevase como en el caso de Irena, la mujer pantera, su autodestrucción.

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El terror, lo fantastique, no como género sino como sentimiento, aparecía como una alter-realidad en la obra de Lewton, articulada por una mixtura entre la cotidianeidad y lo imposible –el terror, el miedo, la violencia…- donde lo segundo cortocircuita lo primero. Pese a la excelencias de su trabajo junto a Mark Robson y Robert Wise, promocionados dentro de su unidad hasta el puesto de director, fue Jacques Tourneur el hombre que dio cuerpo, paradójicamente inaprensible, elusivo, al universo de Lewton. La combinación de opuestos, de sombras y espacios, la musicalidad de la puesta en escena, el sentido de lo misterioso y el vértice de la abstracción del director completaban/complementaban el imaginario tortuoso, lírico y romántico del productor.

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