Ford de Londres: Un crimen por hora. Cineclub, ECI.

Un crimen por hora, John Ford, 1958, USA-GB

En Espacio de Cine: un-crimen-por-hora

A la venta: productDetailCultural.jsp?productId=A6817652

Extracto del libreto: 

*”1.1 Lo mayor y lo menor

¿Estamos entonces frente a lo que se llama, comúnmente, un “film menor”? Primero habría que dilucidar si tal cosa existe o si se trata de un eufemismo para nombrar de manera condescendiente a las malas películas de los buenos directores.

Por ejemplo, Steamboat Round the Bend o Dr. Bull, dos de los tres títulos rodados para/con el gran Will Rogers durante la década de los 30 -y evito escoger El Juez Priest a conciencia, ya que este sí ha ganado prestigio con los años- serían representativos de “película menor”. ¿Son malas películas? Imposible. ¿Son poco ambiciosas entonces? En teoría sí. No tienen el peso mítico de un Centauros de desierto ni la voluntad de estilo de un El delator, pero son más armoniosas que la primera -entiéndase esto como construcción puramente mecánica del relato y su narratología; Centauros es una obra maestra contra/por su imperfección- y, desde luego, su simplicidad las hace mucho más disfrutables que el denso y forzado expresionismo de la segunda. Las películas con Rogers son poco ambiciosas porque así quieren serlo, es su naturaleza. Es decir, la distancia entre lo que quieren ser y lo que son es muy cercana, mucho más que en El delator. Están más logradas en sus pretensiones, sean estas del tamaño que sean.  Estos anecdotarios que filma con Rogers y otros títulos “menores” comparten la misma aspiración -pienso en Wagon Master, Siete mujeres o la mencionada The Rising of the Moon-, pues poseen la belleza de lo sencillo. Sus ambiciones son las más elevadas de toda la obra fordiana por cuanto aspiran a la desaparición de las mismas.

Las “obras menores”, en esta sencillez, en esta simplicidad, muestran en muchas ocasiones la depuración que  explica a un autor de forma más directa que las canónicamente mayores. ¿Hay obras más fordianas que su tríptico con Will Rogers? Habrá iguales, pero no más genuinas.

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Si uno se fija bien verá en Un crimen por hora el mismo tono distendido. Identificará, cambio de continente e  idiosincrasia mediante, al cachazudo personaje recurrente (y único) de Rogers en ese Gideon enfurruñado pero entrañable, atribulado pero resolutivo, preocupado por todos sin perder el sentido del humor, irrespetuoso con sus superiores y vago vocacional impelido a la actividad incesante. Un Gideon  con el muy fordiano físico, feo, fuerte y formal, de Jack Hawkins. Apurando, incluso, se podría ver a un álter ego del propio Ford, uno de los muchos –sublimados, claro- que pueblan su filmografía.

También se notará en ella esa fluidez inimitable y esa voluntad, o querencia más bien, del cineasta por abolir la estructura típica del guión, por prescindir de la historia misma, sustituyendo esta por una serie de microhistorias, o convirtiendo la historia en un ambiente donde dejar evolucionar a los personajes  y donde la trama deja paso a la situación y la observación, algo que asimismo logró alcanzar Clint Eastwood en Gran Torino. La libertad es elemento nuclear de unos conjuntos que se disfrazan de pedestre solo para no alardear de su increíble sofisticación. Dentro del universo fordiano, Un crimen por hora no es, en realidad,  una película tan extraña. No es esa singularidad, esa rareza inexplicable en la carrera de su director. Es, desde luego, una película pequeña, modesta, hasta discreta si se quiere, pero no menor;  porque eso de “lo menor”… ¿qué es?”*

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3 comentarios en “Ford de Londres: Un crimen por hora. Cineclub, ECI.

  1. Este último fin de semana por fin he podido ver la película que tenía comprada desde hace tiempo. He disfrutado como un enano. Que ritmo. A veces es casi imposible seguirla. Nada de obra menor, una buena película y punto.Felicidades por tan magnífico libreto, ya era hora que el Corte Inglés encargara los textos a personas con solvencia porque en la colección Los Imprescindibles, muy interesante por cierto, me he encontrado con cada pelmazo que se ha instruido en la wikipedia o en IMDB que ya hay que ser cutre. Por cierto alguien tenía que decirle al C. I. que tuviera un poquito más de criterio, si es que siguen alguno, para editar películas, porque algunos títulos podían continuar soñando el sueño de los justos. Anda que no hay títulos que podían enriquecer su colección. Ahi van algunas sugerencias: The view from Pompei’s head (1955) de Philip Dunne, Forbidden territory de Phil Rosen o, The walking hills (1949) de John Sturges.
    Un saludo.
    Kiffer

    1. Pues sí. Con el tiempo y los visionados se ha convertido en uno de mis Ford’s preferidos. Con esa magia que solo él tenía.
      Por lo demás muchas gracias, intento ofrecer algo que valga el precio de la entrada (este, por cierto, lo corté al final porque me había salido kilométrico). Intentaré hacer llegar las sugerencias, igual hay suerte, oye.

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