Escuche la voz del hombre polimorfo: El trío fantástico. Los imprescindibles, ECI

El trío fantástico (The Unholy Three), Jack Conway, 1930

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Extracto del libreto interior:

3. Chaney habla

 François Guerif define de manera Lon Chaney en su El cine negro americano como uno de los más hermosos monstruos del cine negro «por su afición al disfraz (al cambio de identidad), su violencia refinada y su lado doloroso». Chaney es un villano trágico-patético, un anti-villano como decía antes, marcado por la búsqueda de una venganza, por lo común elaborada al extremo del delirio, que termina por convertirse en un tortuoso camino de redención.

Dotado de una expresividad portentosa y un carisma a juego Chaney fue el más singular, y quizás el más grande, de entre los actores norteamericanos del silente con las excepciones de su encuentros con Browning, el cineasta que mejor entendió su especificidad como intérprete, o Victor Sjöström en las películas con Chaney eran en realidad “películas de Chaney”; es decir el rango determinante de autoría lo representaba la presencia/personalidad del actor. Así la ausencia de Browning tras la cámara para el remake de El trío fantástico, sustituido por el efectivo Jack Conway, convierte de golpe a una theunholy3TCFINAL1película de Tod Browning en un película de Lon Chaney; quizás revelando de paso la extraordinaria cercanía de las sensibilidades de ambos.

Las peculiaridades de El trío fantástico la convirtieron en la elección más sencilla y atractiva para que la MGM realizase la transición de su estrella de lo grotesco del silente al sonoro. Tras llegar a tantearse entre otras ideas la de adaptar Chéri-Bibi, un folletín de Gaston Leroux que hubiese encajado a la perfección en el universo y facultades de Chaney (y de Browning), se decidió que lo mejor era apostar sobre seguro rescatando un éxito anterior que por su naturaleza –recordemos que el protagonista es un ventrílocuo- se prestaba a una sencilla re-escritura de guión y sonorización. De hecho los cambios con respecto al original son mínimos e incluso su puesta en escena responde a cierta mímesis, facilitada en gran medida por el estilo estático y frontal de Browning, lejos del barroquismo plástico y los elaborados movimientos de cámara de los últimos años del silente.

Lon-Chaney-Lila-Lee-Unholy-ThreeDe este modo el anquilosamiento producto de las nuevas dificultades técnicas –desde las pesadas cámaras a los equipos de registro del sonido- apenas se nota al comparar ambas versiones. Aunque, cierto es, la de Conway carece de la poética malsana y melodramática y del poderoso sentido de lo grotesco de Browning, así como de un indefinible encanto delirante producto sin duda del aspecto irreal que el cine silente tiene de por sí debido a la propia privación de la palabra y a las diferencias en cuanto a modos de comunicar/expresar que esto produce.

El sonido volvió al cine más mundano, más real en muchos aspectos y tramas enloquecidas, tan dependientes de que lo inverosímil sea aceptado, como El trío fantástico se resienten. Aún así la versión de Conway mantiene intacto su valor de rareza absoluta, demostrando que el carácter fantástico, taumatúrgico, del cine es capaz de lograr que el espectador se crea cualquier cosa si está se cuenta con el convencimiento necesario. Curiosamente Browning retomaría unos años después el modelo del criminal travestido de inofensiva ancianita en la insólita Muñecos Infernales (The Devil-Doll, 1936), en muchos aspectos una relectura de esta El trío fantástico repleta de otros elementos distintivos de Browning como la venganza3181954924_62943306c0_z o la perversidad e interpretada por Lionel Barrymore como un antiguo preso de la Isla del diablo que para cumplir su plan de revancha –aspecto compartido por cierto con Chéri-Bibi-se disfraza de dueña de un juguetería.

Eco el ventrílocuo y mastermind criminal era, a fin de cuentas, el vehículo perfecto para que Chaney demostrase que cada sus mil caras poseía, además, su propia voz. Ahora hablaba, y lo hacía del mismo modo mutante en el cual moldeaba su cuerpo y su expresión. Al contrario que para otros compañeros suyos la llegada del sonoro suponía para Chaney una multiplicación de sus habilidades ya que a su carisma y genio añadía una naturalidad en los diálogos notable y un sutil contención gestual producto de comprender rápidamente las distintas necesidades del nuevo medio.

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