Porno duro coreano: Barbie (FICX 50, día 7)

Publicado en La Nueva España (24/11/2012)

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El sueño americano pasa por una pequeña población costera de Corea del Sur y hay que ponerse presentable. «Barbie» cuenta la llegada de un siniestro turista usamericano y su hija con la supuesta intención de adoptar (léase comprar) a una niña, la cual, en realidad no tiene ninguna intención de irse, ni de abandonar a su padre, retrasado mental. En cambio, su hermana pequeña está obsesionada con el espejismo consumista USA y hará todo lo posible para ser la escogida.

«Barbie» es tan obvia, tan grosera y tan simplista en sus metáforas y símbolos que uno no sabe si lo que está viendo es en serio o, en cambio, es su propia parodia. En caso de ser lo primero su recreación en el miserabilismo, la sordidez y la pornografía sentimental estragan en la misma medida que la sátira antiamericana redunda sobre si misma. Más vacio vital, más abismos morales al borde mismo del fin de mundo moderno. Y encima con ralentíes.barbie5

La segunda opción parece más interesante y nada fantasiosa teniendo en cuenta la facilidad del cine surcoreano para la tragicomedia grotesca y el «negrorealismo», así como su escasa tibieza a la hora de radiografiar sus propios tumores. En este caso «Barbie» admite una lectura matizada de su tremendismo y de su inverosimilitud; no porque lo que cuenta no sea una realidad, sino porque los términos en los cuales la plantea no hay por donde cogerlos, son puro truquismo de guión repartido entre unos personajes divididos entre los mezquinos y los idiotas, con la pobre Soon-young en el medio.

LeeSangWoo-Barbie-2-940x500La película de Lee Sang-woo, primera fuera del circuito underground que dirige, se acerca entonces a la anti-comedia. Una humorada incómoda, repulsiva incluso en ciertos aspectos, que descarna los mecanismos del melodrama para capturar un presente grotesco. Ya decía Woody Allen que la comedia es tragedia más tiempo.

Lo que ocurre es que ambas posibles lecturas se topan contra la misma realidad: se mire como se mire, a Lee Sang-woo le pierde el afán de provocar, le gusta regodearse, coquetear con la perversidad, jugar a ser un poco sádico, agitar temas impactantes y polémicos bien subrayados con colores chillones y adobados de cinismo.

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