Vida antes del Código: la joven Barbara Stanwyck

 

 

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*Diez céntimos el baile y Cruel desengaño pueden no ser (no lo son) buenas películas, pero sí son piezas de arqueología valiosísimas. Los son en cuanto completan el conocimiento sobre ese apasionante periodo de la primera mitad del cine de los 30 en Norteamérica conocido como pre-Code; y lo son, también, por venir a elaborar la cronología primera del ascenso al estrellato de una actriz fundamental como es Barbara Stanwyck, en tantos sentidos un resumen de Hollywood como factoría de un modo singular de hacer cine y hacer personalidades.

Ambas colaboran a la evolución de Barbara Stanwyck, no ya as u consolidación como actriz o a su iniciación en el estrellato, sino a concreción de una “persona”. Los grandes del periodo dorado no eran tanto intérpretes dúctiles, como encarnaciones, arquetipos casi, que simbolizaban y sintetizaban en sus figuras una idea. Uno iba a ver una película de Clark Gable, de Bette Davis, de Gary Cooper, de Joan Crawford o de Spencer Tracy,  por poner unos ejemplos y ellos  definía por sí mismos lo que uno podía esperar: eran géneros.

En Diez céntimos el baile y Cruel desengaño lo que se está haciendo es codificar el género “Barbara Stanwyck”, al menos para una etapa de su carrera donde «conviven la cualidad impetuosa y el sex appeal con la integridad propia de una working class heroine, ecuación que se desliza, pues, entre las apetencias morbosas del público y los elementos de radiografía social» (Sergi Grau, Barbara Stanwyck. Una gran señora de Hollywood). La joven Stanwyck aparecía por igual como una muchacha sexualmente deseable, desenvuelta y al modo de los años 30 liberada y al tiempo como luchadora lanzada al mundo de los hombres/el trabajo/los adultos.

Sus personajes tenían que madurar rápido, eran conscientes de su femineidad, del deseo provocado, y estaban decididas a valerse por ellas mismas tanto en profesiones legítimas como limítrofes, si era necesario. Esto podía tener contornos escabrosos, como en Carita de ángel (Baby Face, Alfred E. Green, 1933) pero por lo común partía de la adopción de una postura ética, de un código propio según el cual sobrevivir “ahí fuera” como en Enfermeras de noche (Night Nurse, William A. Wellman, 1931) son las dos aquí presentes y siendo ese tema de la mujer teniendo que valerse por sí misma uno de los temas predilectos del periodo pre-Code.

De igual modo, el melodrama de clase obrera aquí representado es otro de los tropos del pre-Code, caracterizado por el gusto en narrar/representar historias que hablaban directamente, y en sus propios términos, a su audiencia. La franqueza progresiva, su anulación de la distancia (la fantasía) entre emisor y receptor, activó las protestas de los grupos preocupados por la moralidad (la suya) y precipitó la ejecución efectiva de esa forma particular de censura asumida que se conoce como el Código Hays.(…) Extracto del libreto interior

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