Gusto por la maldad: Veneno para tus labios

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A la venta: https://www.elcorteingles.es/cine/A20907872-veneno-para-tus-labios-dvd/

Extracto del cuadernillo interior:

*Rapper-Davis Inc.

Irving Rapper emigró a los estados Unidos siendo todavía un niño desde Inglaterra. Pertenece, como señalan Tavernier y Coursodon en “50 años de Cine Norteamericano”, a un grupo de especialistas en el melodrama de la Warner de los años 40 que los autores conforman con el propio Rapper, Jean Negulesco, Vincent Sherman y Curtis Bernhart. De ellos, Rapper es quien acotó más su carrera, centrándola cas  en exclusiva entre el género mencionado y la comedia ligera según éxitos de Broadway del momento que solía dirigir con la única intención de que el estudio no le despidiera. Esa, por ejemplo, fue la razón que le llevó a dirigir The Adventures of Mark Twain (1944).

Pese a su apariencia superficial de cineasta de estudio, Rapper era en realidad un elemento díscolo, en constante fricción con ejecutivos y productores. Inconformista y personal, de llamativo estilo visual donde la cámara en movimiento, los reflejos y el humo eran firmas, encontraba que solo el melodrama era adecuado para sus verdaderas inquietudes, a lo que sumaba el gusto por las adaptaciones literarias.

Había estudiado periodismo en Nueva York, pero acabó en el teatro enrolado en los Washington Square Players como actor y director. Raymond Masey lo reclutó como director para una gira londinense y en virtud de los contactos hechos en su regreso a Inglaterra fue uno de los talentos captados por el Hollywood que se habría al sonoro. Allí trabajó como profesor de diálogo, entre otras cosas, y como asistente de cineastas como Michael Curtiz, Anatole Litvak o William Dieterle, extranjeros todos a los cuales servía de intérprete directo con los actores.

Su primera oportunidad como director, siempre en el seno de Warner, fue el melodrama Shining Victory (1941) para Geraldine Fitzgerald y de inmediato se mediría con Barbara Stanwyck en The Gay Sisters (1941), su tercera película. Solo un año después un encuentro fundamental y una obra maestra: Bette Davis y La extraña pasajera (Now, Voyager, 1942).

Obra sublime, que supera el folletín de base en virtud de una elaboración estética superlativa y un trabajo con los actores formidable, lanzaba a Rapper, y su fama de cineasta difícil, contra la actriz con la reputación más dura de Hollywood. El resultado, inmarchitable, es una pieza capital del género definida por una imagen icónica: Paul Henreid encendiendo dos cigarrillos; un beso transpuesto de lugar.

En 1945, Davis y Rapper regresaría juntos con la ya mencionada The Corn is Green, pero será en 1947 cuando el reparto de La extraña pasajera se alinee de nuevo para Engaño (Deception).  Los tres (más Claude Rains) intentaría replicar la magia de aquella, pero pese a la calidad de la película ni el éxito ni  lo sublime se repetiría. Los problemas de Rapper con Henreid se harían insostenibles, ya en el rodaje de La extraña pasajera no se soportaban y solo la existencia de la Davis trajo de regreso a Henreid frente a la opinión de un Rapper que quería a Charles Boyer como coprotagonista.

Los problemas del rodaje unidos al poco éxito marcan, además, la caída de Rapper en el escalafón del estudio; lo que le llevaría a abandonarlo y establecerse como freelance a finales de los 40. A este periodo inicial pertenece una de sus obras más interesantes, una tierna adaptación de El zoo de cristal (The Glass Menagerie, 1950) de Tennessee Williams estrenada en 1950 con Jane Wyman, Kirk Douglas y Arthur Kennedy encabezando el cartel. Como director de alquiler la  carrera de Rapper va haciéndose más intermitente y con ello más irregular. Por mucho que sufriese dentro del sistema sabía que siempre podía coger un encargo pasajero a la espera de la siguiente obra de su interés. El trabajo y el dinero estaban garantizados. Fuera del Sistema, en cambio, nada era seguro.

Una reunión más con Bette Davis, esta Veneno para tus labios,  el melonoir según novela de Horace McCoy Bad for Each Other (1953), con la excelente pareja Charlton Heston y Lizabeth Scott o Marjorie Mornigstar, que unía a Natalie Wood y Gene Kelly en un romance intergeneracional, suponen sus trabajos de mayor dignidad e interés. Pero era ya un  Rapper que languidecía, como tantos otros cineastas que se enfrentaban a las transformaciones de un Hollywood que ya no entendían y al cual no supieron adaptarse: quería seguir haciendo las mismas películas del Sistema…pero fuera del Sistema. Una paradoja imposible.*

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