Wellesiana: El Universo de Orson Welles

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100 años. Notorious Ediciones los celebra en más de 400 páginas de antología, imágenes y textos. Entre tapa y tapa dura un recorrido por el todo Welles (o lo que se pueda) donde se revisan motivos, personajes, intérpretes, excentricidades y todas sus películas como actor y director. Una historia y muchas historias contadas a otras tantas voces. La mía la uso para un par de olvidados peplums, (Los tártaros y La Invasión de los bárbaros), una comedia de época (Empiecen la revolución sin mi), una fantasmagoría hermética (Malpertuis) y para un Fraude.

*Cada cineasta es un mentiroso. Un mentiroso que engaña de la peor manera posible: con la verdad. Orson Welles, además de cineasta era actor y mago; un mentiroso triple. Un embaucador verdadero, valga la paradoja. Welles es como los gemelos Twedledum y Twedledee de “Alicia en el País de las Maravillas”, que uno mentía lunes, martes y miércoles y decía la verdad el resto de días y el otro mentía jueves, viernes y sábado y decía la verdad el resto; costumbres de leones y unicornios, ya se sabe.

Elmyr de Hory Clifford Irving son también un unicornio y un león, pero no sabemos quién es cual. Uno es el mayor falsificador de arte del Siglo XX, un húngaro cosmopolita y trotamundos que terminó en Ibiza. El otro, que también terminó en Ibiza, es su biógrafo: un escritor norteamericano que contó a Elmyr en su libro “Fraude” mientras a su vez preparaba uno de los timos del siglo, vendiendo una falsa autobiografía oficial de Howard Hughes.

Hughes probablemente siempre decía la verdad y por eso se volvió loco. Welles, cuenta, lo conoció en sus comienzos en Hollywood y empezó un guion que transmutó en el proceso a la historia de un gran mentiroso: William Randolph Hearts. Pero Welles es otro farsante y no sabemos si esto lo dijo un martes o un sábado.

Orson Welles conoció a Elmyr en Ibiza. Conoció también a François Reichenbach, un documentalista, productor y antiguo marchante de arte que, en tiempos, había comprado unos cuantos impresionistas de Elmyr y que había rodado un documental sobre la relación de este y Clifford Irving. Welles, entonces coloniza la película. Habita el material, lo canibaliza y moldea a su semejanza. Su “partner in crime” es Oja Kodar. Amante, colaboradora, farsante. El fraude se pone en marcha.(…)*

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