Signos de destrucción: Nicholas Ray en RKO.

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A la venta: http://www.moviesdistribucion.com/todo/ficha/?Nicholas+Ray+en+RKO

Extracto del libreto interior:

*Nacido maldito

Nicholas Ray fue un cuerpo extraño en los intestinos del Sistema de Estudios. Artista convencido vivió el tiempo de los artesanos y su declive; y en ambos fue singular y en ambos se vio atrapado. Ray bien pudo haber sido uno de esos directores fugaces, de obra mínima, que llegan dicen lo que tiene que decir y desaparecen. En su primera película, Los amantes de la noche, toda la poética de su cine aparece delimitada y perfecta. Tardó dos años en estrenarse. Aquello ya presagiaba la convulsión de su carrera, la tensión entre las aspiraciones y las necesidades en el marco del cine norteamericano de la década de los 50.

Gonzalo M. Pavés en su soberbio estudio El cine negro de la RKO ofrece la crudeza de las cifras -un coste de 1.302.000 dólares y una recaudación de 785.000 con unas pérdidas totales de 445.000 dólares- como dato implacable. Pero este fracaso no fue producto en exclusiva de su propia rareza, por su radicalidad de planteamientos o su modernidad, hubo factores exógenos. La película, como otras, caso de Testigo accidental (The Narrow Margin, Richard Fleischer, 1952), resultó atrapada en el cambio de poder en los despachos del estudio, con la entrada en la productora de Howard Hughes como mandamás. Aquello provocó la congelación del film, que había sido estrenado poco antes bajo el título de The Twisted Road. Solo el éxito que había cosechado en Londres y la iniciativa del MOMA neoyorquino de programarlo en una sesión por mediación de su entonces directora Iris Barry a principios de 1949, aconsejaron su reestreno ya con el sugerente título definitivo de They Live by Night, fiel a la novela de Edward Anderson que adaptaba. Un relato de outlaws durante la Gran Depresión conducido por Ray hacia la fábula ultra-romántica, donde la noche es un manto protector y el día una amenaza de violencias.

La carrera de Nicholas Ray comenzaba en la decepción, en la misma inadaptación de sus héroes más personales. Tal y como titula Patrick McGilligan la biografía que le dedicó: un glorioso fracaso.

Escribe allí McGilligan a modo de introducción que «Nicholas Ray era una especia de puzle humano cuyas piezas se dispersaban y perdían en el tiempo. Muchos de sus films estaban habitados por jóvenes magullados, amenazados, heridos o agitados por sucesos que escapaban a su control. Su sufrimiento por lo común comenzaba en la juventud, su fuente: un secreto allí enterrado»

Ray fue, a su modo norteamericano, un romántico. Su carrera lo fue hacia el abismo, hacia la autodestrucción. Fue capaz de encontrar acomodo en ese mecanismo preciso que fue el Sistema de Estudios y salir vivo, emergiendo de nuevo desde una producción de bajo presupuesto para la Republic como Johnny Guitar, quizás el western más desquiciado y delirante de la historia, para situarse a mediados de la década como un cineasta triunfal. Justo 1955 y Rebelde si causa marcan su pináculo. Ray no dirige una película, dirige un icono de la cultura pop; uno de los que duran para siempre.

Después se encamina al abismo, con su tipo desgarbado de escritor maldito de la generación perdida. No le basta ser uno de los directores mejor pagados de su tiempo, ni que tenga una posición de cierto privilegio en Hollywood, con pocas cesiones hacia los estudios –la minúscula Sangre caliente-, proyectos cercanos a su sensibilidad y ocasionales grandes presupuestos. Todo eso da igual, porque la tentación del abismo es mayor. Cada rodaje es un nuevo infierno y Ray se torpedea a sí mismo hasta hundirse. Quizás era lo que necesitaba: justificar su malditismo.

Después Europa, la marginalidad, la docencia y el cine experimental. Libre de todo menos del veneno de la imagen. Y al final la muerte. La muerte registrada y eterna en Relámpago sobre agua (Lighting Over Water, Wim Wenders, Nicholas Ray, 1980). La agonía del celuloide paradójico: arte efímero que dura para siempre. La síntesis de Ray: narcisismo y pudor en combate.*

Nicholas Ray

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