El enemigo interior: Inheritance (FICX 50, día 7)

Publicada en La Nueva España (24/11/2012)

inheritance

Al final de los festivales uno llega con la lengua fuera. Con una sensación de abotargamiento que te entumece el raciocinio y terminas por no saber si esta película la has visto ya o no. Lo que pasa con «Inheritance» es que de verdad la has visto, y hasta has perdido la cuenta de las veces. Unas son daneses, otras norteamericanos, otras más hindúes, españoles, franceses, italianos, lapones, marcianos… en esta palestinos. El producto permanece inalterado porque los ingredientes básicos son idénticos. Luego ya cada uno lo condimenta al gusto local. Y de modo básico siempre funciona. Es una de las ventajas de trabajar sobre estereotipos.

Localizada en una pequeña ciudad limítrofe con Líbano en mitad del auge de las hostilidades, uno de esos eufemismos para la guerra, contra Israel, «Inheritance» enfoca todas sus buenas intenciones en la descripción de una familia árabe en territorio israelí. Minoría en tierra propia, sometida a todo tipo de procesos de aculturación y destrucción que la hacen agarrarse a una serie inheritancede valores y tradiciones que, paradójicamente, la conducen a la disolución y la corrupción moral. Una guerra quizás más insidiosa que ese ruido de fondo, por usar la terminología de Don DeLillo en que la directora convierte el perpetuo estado de guerra de Israel. Un «off» visual, pero un «on» sonoro que, como escribía al referirme a «Shadow Dancer» describe con elegancia y sencillez un lugar de violencia, un paisaje donde el horror es tan cotidiano como hacer la compra.

photo-Heritage-Inheritance-2012-2Por desgracia en eso se queda la película de la también actriz Hiam Abbass, en las mejores intenciones. Todo lo demás es lugar común, guión y personajes hechos con una plantilla, puesta en escena más anónima que sobria, más funcionarial que significativa. Cada plano ha sido filmado mil veces, cada frase ha sido dicha otras tantas, las situaciones son un tópico puesto en fila detrás de otro. Los personajes, en lugar de parecer vivos son expresiones de una idea particular. Cada hijo representa una forma personalizada de fracaso: la inmovilidad del patriarcado, la ruina económica, la corrupción política, la esterilidad, el conformismo, la renuncia a las raíces.

Todo ello, como ya ocurría en «The Patience Stone» coproducción francesa al igual que la presente, según una formulación estético-narrativa al gusto occidental. Lo cual no deja de ser otro cruel rasgo de aculturación.

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