Los malos hijos: Mejor no hablar de ciertas cosas (FICX 50, día 6)

Publicada en La Nueva España (22/11/2012)

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Mientras avanzaba la proyección iba pensando en las ganas que tenía de leer la novela en la que seguro se basaba aquella película. Cuando en lo créditos leí « Escrito, editado y dirigido por Javier Andrade» medio me sorprendí, medio me decepcioné. No porque no me gustase, al contrario, sino porque me quedo sin leer la estupenda novela que lleva dentro, una que ampliase la maraña de personajes y continuase profundizando las atmósferas y esferas del Ecuador presente.

Conducida por la voz en off irónica, literaria y desvergonzada de Paco Chávez, hijo mayor de una familia de la alta burguesía ecuatoriana, asistimos a una radiografía de la hipocresía de la élite política, económica y cultural con la cual nos han familiarizado ya otros cines como el peruano o el mexicano.mejor-no-hablar-javier-andrade

«Mejor no hablar de ciertas cosas» cuenta la debacle de una de estas familias, corroída desde dentro mucho más allá de la peripecia drogadicta de sus dos hijos calaveras y autodestructivos. Ellos no son más que un ejemplo del estado de las cosas, una dentadura deslumbrante a la vista pero agujereada por dentro en la cual el protagonista se satisface en hurgar, como esa muela cariada sobre la que no puedes evitar pasar la lengua. Un ejercicio algo sádico de purgación.

428455_10151230887409152_1741425275_nQuizás le sobre la obviedad expositiva de su coda final, pero lo compensa con un ritmo narrativo y de montaje vigoroso, un humor esquinado y un sentido de la observación donde convergen el documentalismo, la formación del director, y la estilización. Especialmente notable en la manera de describir la decadencia vital del protagonista, reflejada en una casa familiar progresivamente abandonada, sumergida en la sordidez, o en presentar los momentos de violencia mediante el fuera de campo.

Así la película de Andrade consigue personalizar ese estilo imperante del cual hablaba ayer, demostrando que las formas y los estilos son herramientas amorales. Que un martillo lo mismo sirve para construir una mesa que para abrir un cráneo en dos. Y esta mesa está bien hecha, además lo que se ha puesto encima resulta interesante.

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