Amateurs: Viaje a Surtsey (FICX 50, día 5)

Publicada en La Nueva España (21/11/2012)

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¿Os acordáis de Eric Moussambani? En el año 2000 Moussambani, que es de Guinea Ecuatorial, nadó los 100 metros libres en los Juegos Olímpicos de Sidney y casi se ahoga en el intento. No había entrenado más que unos meses usando para ello la piscina de más o menos 20 metros de un hotel, así que jamás había visto una tan grande como la olímpica, de 50 metros. A mitad de camino Moussambani ya boqueaba. El resto de nadadores habían terminado y lo jaleaban desde el borde de la piscina. El público aplaudía desde la grada aquel esfuerzo donde convivía la belleza de lo inútil con la angustia tragicómica de lo patético.

Una película como «Viaje a Surtsey» en estos tiempos cínicos es tan suicida como tirarse a una piscina olímpica sin saber nadar. Y como en Sidney la culpa no la tiene Moussambani, que bastante hizo con salir del agua; la tiene el comité olímpico que le dejó meterse.

La película y el nadador guineano son ejemplos de honestidad contra su propio bien. Amateurs metidos en competiciones profesionales a los cuales se les aplaude el esfuerzo un poco por conmiseración, otro poco por sadismo; con la curiosidad malsana de ver si se quedarán en el intento o no. 46567ca2537d921de146333922756dc6

«Viaje a Surtsey» apila tópico detrás de tópico en su historia de un viaje a la montaña de dos viejos amigos que han perdido el contacto, acompañados de sus hijos adolescentes. Es un manual de autoayuda que hasta resulta embarazoso de ver, y de oír. Aquí hay amistades masculinas, relaciones paternofiliales, educación adolescente, fracturas generacionales, problemas con la (in)madurez, reconciliaciones de todo pelaje. Un conjunto de problemas que, por supuesto, se resuelven con bien al contrastarlos con el poder de la naturaleza, que relativiza cualquier cosa.

viaje-surtsey-600x323Hay cierta belleza, sí, e intenciones tan loables como primarias de usar el paisaje como gran metáfora. La montaña está presente y es hermosa, impresionante, pero lo es por ella misma, aunque esté fotografiada y encuadrada como quien fotografía y encuadra cualquier otra cosa. Lejos de trascender. No en un sentido pedante, sino más cercano a como el western era capaz de convertir el paisaje en un personaje dramático y en un reflejo de los conflictos de la historia, sobre la cual a su vez influía.

Pero como con Mousammbani, tampoco parece justo pedir lo que no te pueden dar. La vibración telúrica habrá que buscarla en otro sitio. «Viaje a Surtsey» bastante tiene con llegar al final de la piscina. Aplaudamos para animarla, que se nos ahoga.

 

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