Los USA en zona checa: Taking Off (Juventud sin esperanza), Cineclub, ECI

Juventud sin esperanza (Taking Off), Milos Forman, USA, 1971

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Extracto del libreto: 

3.Durante, otra vez

Taking Off es más su última película checa -o una coda, más bien, a ese periodo- que su primera norteamericana, la cual tardaría más en llegar de lo previsto, ya que incluso Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975) puede leerse todavía, y así lo hace Christian Aguilera en su monografía para la editorial Berenice sobre Forman, como un film checo que se apropia de un material USA. O al menos como un film-bisagra, tanto por las influencias checas como por la integración norteamericana.

60798932Pero en la presente, lo cierto es que la única diferencia radica en la deslocalización -y también en el tono efervescente del twist y del rock primigenio del 63 en relación al angustiado folk-rock del 71, incluyendo una pieza compuesta y cantada por Kathy Bates-. Ahora el objeto a satirizar es la alta burguesía americana y su relación con el mundo de su hijos, pero para las técnicas, el tono y hasta para la estética, Forman sigue contando con el extraordinario fotógrafo y operador Miroslav Ondříček, básico en su estilo, que termina por impeler al cineasta a realizar una suerte de película-compendio, una despedida de su cine anterior, que comprende temas, aspectos y detalles de esos cuatro filmes previos, que son cinco en realidad, ya que Concurso es la recopilación de dos mediometrajes diferentes: el propiamente dicho Concurso, que trata sobre una audición para un espectáculo teatral al cual acuden docenas de chicas, y Kdyby ty muziky nebyly, sobre los ensayos de dos bandas de música de cara a una competición. Ambos versan sobre la juventud, la música y el choque generacional, y están basados en la contemplación fragmentaria e impresionista de la realidad, pero ficcionada, como hemos visto, a través de técnicas documentales puestas en escena mediante un agudo sentido de la observación, la improvisación y un empleo del montaje yuxtapuesto y de las escenas paralelas que se comentan/complementan/contraponen unas a las otras.

Juventud sin esperanza es, en su estructura básica, un remake de Concurso, pues sigue teniendo de protagonista a una chica que se presenta a una prueba para ser cantante. Si bien ahora Forman introduce, mediante el montaje de acciones paralelas y los insertos, a los padres de la misma, quienes irán colonizando, poco a poco, la historia, que pasará de ser la de la adolescente a la de los padres cuando ella desaparezca; primero producto de la confusión y la inseguridad familiar; y después por el hartazgo de la chica de sus insoportables progenitores.2012_1138

Las dos partes de la película delimitan el choque generacional –y el cierre supone un epílogo que reúne a ambas para concluir todo de un modo abrupto que remite, de nuevo, al memorable final de Pedro el Negro-, y sus soluciones formales y sus tonos humorísticos se corresponden con las diferentes psicologías de los personajes, pero no resultan tan complementarias como opuestas. Así, aunque la parte de la hija evoque una versión elíptica, y dulcificada, de la melancolía de Los amores de una rubia, en realidad Forman se cuida de no revelar nada. Prefiere que sean los padres los que ejerzan de deformante caja de resonancia de sus hijos, o muestren, más bien, cómo ellos piensan que son y viven sus hijos.

Durante su búsqueda los padres de la muchacha se dedican a exorcizar sus frustraciones vitales y sexuales en lo que Forman nos hace percibir como una parodia de lo que los adultos creen que sus hijos deben estar haciendo durante la fuga: desde ligoteos en salas de fiestas -que son las mismas salas de fiestas y los mismos penosos ligones que Forman lleva ridiculizando película tras película en una escenario que es uno de sus microcosmos favoritos, y algo de esto hay sublimado en Alguien voló sobre el nido del cuco– hasta sesiones etílicas culminadas en partidas caseras de Strip Poker –para mayor crueldad, la hija del matrimonio protagonista ya ha vuelto a casa para entonces encontrándose con que nadie la está esperando-, pasando por fumadas colectivas de droga.

Forman usa de forma masiva durante la primera mitad la yuxtaposición, llegando a encadenar una canción entera haciendo que cada frase de la misma sea cantada por una muchacha diferente, construyendo una continuidad ficticia a través del montaje. Esto convierte a la película en un regreso a una serie de técnicas que ya no habían estado presentes en ¡Al fuego, bomberos!, una película más despojada de taking-offeste tipo de retórica. Precisamente será una mixtura de esta y de Pedro el Negro la que sirva de molde para la segunda mitad de Taking Off, que cambia incluso sus planteamientos estéticos, sin abandonar la cadencia musical del montaje.

De la primera recoge el tono sarcástico, casi grotesco –la descacharrante prueba de la marihuana durante la reunión de la asociación de padres, en la cual Vincent Schiavelli, uno de esos impagables rostros para los cuales el cineasta checo siempre ha tenido un ojo formidable, ejerce de instructor con la mayor seriedad científica del mundo-, y de la segunda la ternura hacia el perplejo padre, casi un Pedro el Negro adulto al cual interpreta el cómico, guionista, escritor y director, además de co-creador nada menos que del Superagente 86, Buck Henry. Este, humorista triste y resignado, carga con la segunda parte de la película, marcada por la ausencia de la hija, y se ve involucrado en toda una serie de peripecias a cada cual más patética e irrisoria.

La música y el teatro del absurdo, elementos profundamente checos ambos, vertebran a Forman como cineasta. “Lo que más le llamaba la atención de ambas disciplinas eran el absoluto rigor con que se ejecutaban y la libertad que emanaba de los resultados. Eso mismo quería conseguir él: films realizados de una manera rigurosa, que no dejaran por ello de parecer totalmente libres. Y en la intersección de esas premisas, en apariencia antitéticas, surgió su estilo, que él era capaz de adaptar a cualquier circunstancia, porque luego sabía ir moldeando el material en bruto con motivos que poco a poco iban proporcionando una línea  narrativa a las imágenes, una especie de continuidad. Sus films checos en un principio pueden dar la impresión de no tener centro, de estar bañados por un clima de absurdo, como si careciesen de un significado definido y también de raccord; pero a medida que uno se detiene en ellos, se da cuenta de que hay repeticiones que producen rimas, cierta musicalidad en la secuenciación”. (Hilario J. Rodríguez, op. cita). Eso es Taking Off, la rima final del cine checo de Miloš Forman y un regreso a la melodía original, como un motivo repetido que genera una cadencia reconocible, especial.

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